domingo, 15 de junio de 2008

El amor es una caja de chocolates

Mi segundo amor de secundaria era moreno y barroso.

En aquellos tiempos estaba de moda Forrest Gump. Mis amigos citaban a la menor provocación la película. Uno de ellos, en un momento arjonístico, me dijo: Tamara, la vida es como una caja de chocolates.

Y yo dije: claro, como ese güey moreno y barroso, que por aquello de las propiedades organolépticas –excepto el sabor– vendría siendo algo así como un chocolate con leche y trocitos de almendra.

El problema es que ese chocolatito no se dejaba comer, ¡qué dolor y qué antojo!


Corte a:

Han pasado más de diez años, el güey se casó prematuramente y su esposita lo ha engordado a un nivel que haría llorar al niño dios y al PrevenIMSS.

Ahora yo le veo cara-cuerpo malvavisco gigante cubierto de chocolate, de esos que venden en las dulcerías de estación de metro y que siempre te dan en bolsitas de papel kraft. Su mujer no lo deja salir a la calle ni comunicarse con el universo, porque qué tal que una cualquiera le pega un mordisco a su bombón que con tanta dedicación ha hecho crecer y crecer y crecer.

5 comentarios:

sirako dijo...

si estuviese obligado a comparar, más que una caja de chocolates, la vida es como dos bolillos con tenedores caminando por la mesa, manejados por chaplin. eso es bonito.

las mujeres que engordan a sus maridos y no los dejan salir son la onda, yo quiero una así.

Utopía dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Tumeromole dijo...

la vida es un arjonismo, punto.

Ego el Borrego Viajero dijo...

Yo siempre lo he dicho, la vida es así, como una caja de chocolates: Oblonga y simple.


Saludetes

hugo dijo...

guaca, las propiedades organolepticas del gordo chocolatoso, con leche y trocitos de almendra. sos malevola, chica guapa de lentes picudos.